Capítulo 4 La ciudad donde la lluvia es arte
Montevideo ardía en esos primeros días de enero cuando Carmen decidió viajar, una semana antes de la fecha en que la esperaban habitualmente en Santiago. El ventilador del estudio de su departamento en Punta Carretas, apenas movía el aire caliente. Desde la ventana se veía ahora el perfil brillante del Río de la Plata, plano y cegador como una lámina de metal. Cerró el archivo del informe forense que le había pasado Ledesma, con la misma precisión con la que cerraba siempre sus libros: alineando las esquinas, ordenando los papeles, como si el orden externo pudiera contener el temblor interno.
La muerte de Julián Acosta no era un accidente para ella, no después de la autopsia, no después del análisis de Marina.
Marina había pasado la noche desarmando las líneas de código recuperadas del portátil del ingeniero. Ledesma estuvo muy bien en facilitarles el acceso, que quedaría registrado en el expediente para poder consolidar la información que pudiera ser relevante para la investigación policial. No eran fragmentos sueltos, sino módulos compactos, encapsulados bajo capas de ofuscación que revelaban - cuando se los obligaba a hablar - una arquitectura clara: un sistema de priorización negativa.
No era un algoritmo para mostrar más, sino que era un algoritmo para ocultar mejor.
Carmen tomó el teléfono y marcó el número del inspector Walter Ledesma.
- Le confirmo que viajo hoy - dijo apenas él respondió.
Hubo un breve silencio del otro lado.
- ¿A dónde?
- Santiago de Compostela.
El inspector respiró hondo.
- ¿Está segura de que esto tiene que ver con Galicia?
- Estoy segura de que el repositorio principal del sistema está alojado en servidores europeos - respondió ella - . Y estoy segura de que la empresa que adquirió el paquete hace seis meses tiene sede en Santiago.
- ¿Va sola?
Carmen miró el brillo del río, el calor pegajoso, la carpeta con la palabra priorización adaptativa subrayada tres veces.
- Sí. Como siempre. No tengo por qué tomar esta vez como algo especial.
Otra pausa.
- No debería.
La voz de Ledesma no tenía tono de reproche. Era algo más incómodo: preocupación.
Carmen cerró los ojos un segundo.
- Inspector… esto no es una escena del crimen. Es una estructura de decisiones automatizadas que afecta libertades públicas. Si alguien diseñó esto para silenciar información crítica, no es solo un caso penal. Es un problema sistémico.
- Y aun así hay un muerto - respondió él.
Ella dejó que esa frase quedara suspendida entre ambos.
- Sí - admitió finalmente - . Y por eso voy a dedicar unos días a mi llegada a este tema puntual.
El vuelo nocturno fue una transición física y mental. Carmen cuando cruza el charco, como llaman tantas veces en España al océano que nos une, va sustituyendo en su mente datos y recuerdos de un lado por los del otro lado donde va. Se desprende de lazos de un lado yendo al otro, sea ida o vuelta, no importa desde donde salga.
Cuando el avión de conexión aterrizó en Galicia, la luz era gris. No el gris sucio de la tormenta, sino un gris húmedo, respirable, como si la atmósfera tuviera textura. Un gris que brillaba. Era invierno en España. Enero también allí, pero invertido. Además llegaba un seis de enero, día especial en toda España, en particular en Galicia, con cabalgatas de Reyes en varias ciudades. En Montevideo les dicen desfile de Reyes, los hay pocos y de mucha menor dimensión. La lógica del verano hace que en Uruguay en esa fecha la gente esté en la playa.
Mientras Montevideo vibraba bajo treinta grados, Santiago de Compostela amanecía con siete y una llovizna fina que parecía no caer, sino flotar.
Carmen sintió algo parecido al alivio al pisar el aeropuerto de Lavacolla, ahora tan moderno y renovado. Esta modernidad le parecía también una contradicción en relación con la ciudad vella con la que quería reencontrarse y por donde quería caminar otra vez.
Había pasado varios años en Santiago durante su formación doctoral. Allí había consolidado su especialización en propiedad intelectual digital, en los años en que las plataformas todavía eran vistas como simples intermediarias técnicas. Allí había aprendido que el derecho no solo regula conductas, también regula arquitecturas.
El taxi avanzó por la carretera húmeda, rodeada de eucaliptos y campos verdes que parecían imposibles en pleno invierno. Carmen observaba el paisaje con la misma atención con la que leía contratos. Esos árboles de un verde tan intenso, especialmente en dos curvas del relativamente corto trayecto hasta la ciudad, dando la bienvenida como desde la primera vez.
Todo era conocido. Era sentir que llegaba y era bienvenida, lo nuevo del camino que la esperaba en cada vuelta no le impedía reconocerlo. Sin embargo, en su interior esta vez sentía que algo había cambiado.
Dejó la maleta en el hotel cercano a la Rúa do Vilar donde tenía previsto quedarse los días que fueran necesarios. Sencillo, bien ubicado para sus preferencias de la ciudad histórica y con wifi free. El Hotel O'Soportal. Administrado por una familia a quienes conocía de estadías anteriores, tenían convenio con la Universidad para recibir profesores. Se sentía muy cómoda y eran discretos y atentos. Salió a caminar un buen rato por los lugares de siempre, avisando a la ciudad que había llegado y a cenar, antes de dormirse temprano para ocuparse cuanto antes, al otro día, del asunto que había hecho adelantar su viaje anual.
La ciudad la recibió con su piedra en su tan propio y especial tono de gris. Había llovido y todo estaba brillante.
La Plaza del Obradoiro estaba casi vacía ese día, a esa hora y con ese clima. Siempre es el primer lugar a donde va apenas llega a Santiago. Un grupo reducido de peregrinos caminaba bajo paraguas oscuros, pero sin dejar de sacar y sacarse fotos. La fachada barroca de la catedral emergía como una presencia, más que como un edificio. Santiago no sólo es una ciudad que se mira, también se escucha, se huele, se toca... muchos sentidos perciben a Santiago. Carmen escuchaba sus propios pasos sobre la piedra, el eco de conversaciones en distintos idiomas bajo los soportales, el rumor constante del agua, mientras se encaminaba al centro de la plaza, como siempre. Ahí hizo su redordatorio a Gonzalo Torrente Ballester, del libro “Compostela y su ángel”, un libro de 1948, y el párrafo que desde que lo leyó hace muchos años lleva cincelado en su memoria, sobre cómo entra en tu alma esta ciudad. Repitió para sí como si fuera una oración: “...recibirla con los ojos como un regalo de los ángeles; y si el contemplador es protestante y no cree en ángeles - de Compostela saldrá creyente - , entonces recibirla como un regalo de las hadas, si cree en ellas; y si no cree, como regalo de aquel Espíritu a quien se agarra su alma para no volverse loca. Solo en el caso de que tampoco crea en el Espíritu, debe acudir a la Ciencia: pero entonces jamás entenderá a Compostela.”
Ya se reencontraría con la catedral, aprovechando a ir a misa cada vez posible, propósito que siempre hace al llegar y que no siempre cumple con tanta frecuencia como le gustaría, entre reuniones académicas, trabajo y salidas. Por supuesto que esperaba poder asistir a misas con botafumeiro, para volver a emocionarse como cada vez que tuvo la suerte de verlo volar.
Carmen tiene rituales. Uno de ellos, en Santiago, es que le gusta el pulpo a feira con vino blanco en su primera comida cuando llega. El lugar varía, difícil que no sea bueno el que elija. Eso nunca le pasó. Por años el vino blanco que pedía era albariño DO Rias Baixas. Hace tres años que pide treixadura DO Ribeiro. Ambos son excelentes, al igual que los diversos vinos gallegos que cata en Galicia, todos memorables. Decidió esa modificación en su ritual para demostrarse que se anima a cambiar. Pero con el pulpo a feira no se cambia, eso sería demasiado. Esta vez cenó en una de las tascas de Rúa do Franco. Colmando expectativas, por cierto.
A la vuelta en el hotel, en cuanto se acostó quedó dormida. Ya había llegado.
Al otro día, renovada, salió temprano hacia la Facultad de Derecho en el Campus Vida o Campus Sur. La ida desde el hotel es en bajada... la vuelta siempre cansa más. Estaba oscurito todavía. En el camino tomó el desayuno, haciendo tiempo, en una de las cafeterías abiertas: café con leche en taza grande y uno de esos croissants gigantes, típicos de las mañanas.
El edificio de la Facultad de Derecho conservaba la solemnidad de siempre, propia de más de cincuenta años atrás cuando fue construído, con grandes ventanales y gente circulando. En su despacho del segundo piso la esperaba el profesor Anxo Bouza León, que fuera tutor de su tesis tiempo atrás, en el Departamento de Derecho Mercantil.
- Carmen - dijo él, abrazándola con sobrio afecto - . Me sorprende verte por Santiago antes de mediados de enero.
- A mí también - respondió ella, risueñamente - hace tiempo que no estaba en la Facultad de Derecho el día después de Reyes. - comentó Carmen mientras entregaba a su profesor una botella de Tannat, como cada vez que llega desde Montevideo.
- Y nada menos que en el día de San Raimundo de Peñafort! Para festejar desde el mismo día. - comentó el Profesor, ya casi divertido, mirando agradecido ese vino con miles de kilómetros a cuestas que había probado casi tantas veces como viajes de Carmen a Santiago. Sería por eso que se acordó del Santo.
San Raimundo de Peñafort es el santo patrono de abogados, juristas y colegios de abogados, festejado en toda España. Especialmente, en la tradición de los estudiantes de Derecho, en las ciudades muy universitarias hay un día que van de tascas pidiendo vino, solicitud a la que acceden en varias de ellas... No se puede quedar mal con tales clientes del año lectivo. Claro que, como toca generalmente antes de la reanudación del curso, post vacaciones de invierno - la fiesta del Santo cae un 7 de enero -, los festejos alusivos se hacen en un día convenido a posteriori, generalmente en torno al 20 o 23 de enero. Fecha fijada en el inicio del año académico con tanta solemnidad como cualquier otra. El día que corresponda ese año, como otros en que a Carmen le ha tocado estar, festejaría al uso debido en todos los actos, académicos, institucionales y religiosos organizados en el entorno de la Facultad de Derecho de la USC y del Colegio de Abogados. Cuando la misa solemne se ha celebrado en la Catedral ha sido maravilloso.
Se sentaron en el despacho del profesor, frente a una ventana que daba a un jardín lateral, donde la lluvia dibujaba líneas oblicuas. Todavía había poquísima gente por la Facultad. El lunes hábil luego de Reyes, recién se retomaría el curso formalmente a la vuelta de la vacaciones de Navidad.
Carmen explicó al profesor lo esencial, sin mencionar aún la muerte en Montevideo: una plataforma global con un sistema de clasificación de contenidos, una adquisición tecnológica reciente por parte de una empresa gallega con proyección internacional-global, todo eso la había llevado antes de fecha a Santiago.
- ¿Te refieres a Infranet Systems? - preguntó Bouza.
Carmen sintió que algo se acomodaba en su mente.
- Sí, esa sería.
- Tienen sede central en el polígono del Tambre, nunca entendí por qué eligieron ese lugar. Creo que nadie lo entiende. Crecieron exponencialmente en los últimos cuatro años. Inteligencia artificial aplicada a gestión de datos y las más ambiciosas aplicaciones algorítmicas son su mejor producto. Han firmado contratos millonarios con varias plataformas de contenido de alcance global. Son sus grandes proveedores. Una organización técnicamente superior, dicen que también una ingeniería societaria que se extiende como una red, localizable en las principales zonas de desarrollo informático del mundo. Su red de informáticos se extiende por todo el mundo, también. De todas maneras, son muy discretos, cultivan un perfil muy discreto.
- ¿Sabes quién dirige el área de desarrollo estratégico?
Bouza la miró y se quedó pensativo.
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